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Cuándo no construir software a medida

El pedido más caro no es el que se construye mal. Es el que no hacía falta construir.

Ilustración retro-futurista de dos estructuras geométricas a medio construir, una pequeña y terminada junto a otra enorme con andamios, usada como imagen de esta nota.

El síntoma

Llega un brief que pide “una plataforma”. Hay un flujo que hoy vive en planillas, un equipo que ya no da abasto, y la intuición de que un sistema propio lo va a ordenar. A veces es cierto. A veces el sistema propio solo congela un proceso que todavía no se entiende.

Tres señales de que todavía no

Si aparecen dos o más, paramos el build y volvemos al problema:

  • El proceso cambia cada mes y nadie puede escribir las reglas sin discutirlas una hora.
  • Un producto existente cubre el 80% y el 20% restante es preferencia, no restricción de negocio.
  • El cuello de botella es gente, no software: faltan dueños del dato, no pantallas.

Cuándo sí

Construimos a medida cuando el proceso es el producto, o cuando el producto genérico obliga a trabajar en contra de la operación. Un despacho con reglas que ningún WMS acepta. Un flujo clínico que no puede vivir en tres sistemas que no se hablan. Una operación que ya midió el costo del trabajo manual y sigue creciendo.

La prueba no es “esto se vería mejor en una app”. La prueba es: si no lo construimos, el negocio se queda chico o se rompe.

Qué hacemos cuando no es el momento

Lo decimos. A veces el trabajo correcto es automatizar un tramo, ordenar el proceso, o esperar un trimestre. Preferimos perder un proyecto inventado a entregar un sistema que el cliente va a mantener sin usarlo.

Ilustración retro-futurista de una terraza elevada con arquitectura geométrica y un sol dorado bajo en el horizonte.

¿Hace falta construir, o todavía no?

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